jueves, 19 de julio de 2012

FUNDACION ONEYDA CAYETANO DEDICA UN URRA!! AL SEÑOR MANUEL MENDEZ

17 Julio 2012, 4:02 PM
Senadores reciben reprimenda de anciano en vistas públicas sobre seguridad social, trabajo y pensiones
Escrito por: Degnis de León
Periódico El Día
Santo Domingo.-Tal y como estaba previsto, la comisión de Seguridad Social, Trabajo y Pensiones, que preside el senador  José María Sosa, realizó  hoy las vistas públicas del proyecto de ley de regulación salarial de la Administración Pública, el cual fue escenario de críticas y recomendaciones por parte de los participantes.
Una de las participaciones que más llamó la atención a los presentes fue la de Manuel Méndez, de 85 años, quien con una lucidez extraordinaria critico el sueldo que ganan los senadores y el barrilito.
En ese sentido, cuestionó que en la actualidad un policía gane un salario de miseria, mientras que los legisladores y funcionarios  reciben altas sumas de dinero, "yo quiero que ustedes se vayan a las esquinas y  escuchen lo que dicen de ustedes. Da verguenza que en un país de miseria existan gente que gane un millón de pesos", manifestó.
También el octogenario cuestionó las altas sumas que son destinadas a los partidos políticos, los cuales deberían ser  utilizados en las construcciones de escuelas rurales y en los pueblos.
“Le doy gracias a Dios a por permitirme estar hoy aquí como Jonás en el vientre de la ballena”, reiteró Méndez.
Durante el desarrollo de las vistas hubo también un enfrentamiento entre la sub directora de Impuesto Internos, Germania Montás y el Ministro de Administración, Ramón Ventura Camejo, por  algunas disposiciones  establecidas en el proyecto.
Montás reiteró que la DGII debe ser dejada fuera de la ley, ya que no existen razones técnicas para ello, porque forman parte de la carrera tributaria y aclaró que ni el director, ni los sub directores disfrutan de tarjetas, seguridad y otros beneficios que reciben altos funcionarios.
Señaló que no quedan claramente establecidas las definiciones de cargos de alto nivel, salario y remuneración y los componentes salariales no son consistentes.
De su lado, el ministro Ventura Camejo, consideró como errado el criterio presentado por Montás, tras señalar que no pueden haber órganos ajenos a la política del Estado.
Afirmó que la pieza viene a fortalecer la institucionalidad, transparencia, reducir la discrecionalidad que existe en la actualidad.
Destacó que este es el mejor momento para aprobar dicho proyecto porque no hay intereses por medio. Y que al equipo económico del electo presidente Danilo Medina le interesa, ya que la misma garantizaría una escala salarial en la República Dominicana.
De su lado, los representantes del Banco Central, en la persona de su consultora jurídica Olga Morel, aclaró que el organismo nunca ha estado en la ley y explicó que hay razones de índole constitucional y legal para ello.
Manifestó que el Banco central genera sus propios recursos para los gastos administrativos y que se manejan con régimen transparente para establecer los salarios.
El Ministerio de Trabajo, representado por Radhamés Vásquez, manifestó su respaldo y solo presentó sugerencias de forma, no de fondo, mientras que Francisco Ramírez, de la confederación de Trabajadores Unitaria (CTU) también apoya el proyecto y pidió que cada año se aplique el ajuste por inflación anual y que el salario mínimo se establezca en base a la canasta familiar que hace el Banco Central.
Participación Ciudadana también apoya la iniciativa, y las asociaciones de empleados de la contraloría general de la República, Agricultura y Deportes.
Al finalizar la jornada de trabajo, el presidente de la comisión, José María Sosa Vásquez, dijo que presentarán el informe en la próxima sesión.
Y aclaró que no existe ninguna dilatación para la aprobación  de dicha pieza, tal y como habían publicado algunos medios


FUNDACION ONEYDA CAYETANO DEDICA UN URRA!!! AL SEÑOR MANUEL MENDEZ.
Un URRA!!  Por el señor Manuel Méndez, ciudadano de 85 años, que tuvo el coraje y la valentía de expresar cara a cara y en el mismo corazón de las majestuosas instalaciones interiores que engalanan de comodidades y atenciones a todos y cada uno de los miembros de la Cámara de Diputados y Senadores, instalaciones y atenciones que no reflejan lo mas mínimo las desgracias, el desamparo, la pobreza y la necesidad del pueblo dominicano.
 El señor Méndez,  aprovecho, esta gran oportunidad para expresar sus interioridades a unos ciudadanos dominicanos mayores de edad, los cuales solo legislan en su beneficio y los de sus allegados, olvidando a quienes los han colocado en el puesto que están.
No hay un solo funcionario o funcionaria que piense en el pueblo dominicano ni en su país.
En la Fundación Oneyda Cayetano, estamos muy orgullosos del señor Manuel, y esperamos que los adultos mayores dominicanos sigan despertando y exigiendo tanto sus derechos como los de los demás, como en este caso.
Oneyda Cayetano Subervi
Presidenta Fundación Oneyda Cayetano        

miércoles, 11 de abril de 2012

COMUNICACIÓN ENVIADA A TODOS LOS PRESIDENTES DE ÓPTICAS DE REPUBLICA DOMINICANA, (año 2007). FUNDACION ONEYDA CAYETANO.

                                                                                                   Santo Domingo, D. N.
                                                                                                  17 de Abril de 2007.-
                                                                                                 
Señor                                                                                    
Dr. Juan Oviedo                                                                 
Presidente Óptica Oviedo                                                       
Su Despacho.- 

Distinguido señor Oviedo:

Luego de un caluroso saludo en nombre del personal de la Fundación Oneyda Cayetano a Beneficio de Envejecientes en Asilos y Hogar de Enfermos de Lepra, FOCBEAHOL, Inc., pedimos al Todopoderoso que derrame sobre usted y su familia toda la bendición, para que le siga iluminando en su exitosa carrera profesional y personal.

Tenemos el honor de dirigirnos a su distinguida persona con la finalidad de mostrarle algunos de los 24 hogares de ancianos que hay en el país y el Leprocomio Nacional de Nigua, ya que estamos solicitando el apoyo de personas como usted, que coopera con los necesitados.

Queremos solicitar si esta dentro de sus posibilidades, apadrinar uno de estos hogares de ancianos, el cual puede ser realizándoles exámenes oftalmológicos, y donarles los lentes, con su plan de ayuda visual que ha sido tan importante para los necesitados.

Nuestra institución no recibe subvenciones del Estado, pero haremos nuestro trabajo. Le estamos obsequiando un libro escrito por quien suscribe, para que se familiarice con la realidad de estos hogares.

Ojala usted pueda dar la bendición a uno de estos hogares con su apadrinamiento como ¨ AMIGO DE NUESTROS ABUELITOS  ¨.

Estos son algunos de los hogares, que si desea puede apadrinar uno de ellos, directamente o vía nuestra Fundación.

 - Hogar de Ancianos San francisco de Asís, (Santo Domingo), residen 350 envejecientes.
- Hogar de Ancianos Inspiración Divina, (Bani), 63 envejecientes.
- Asilo Nuestra Señora del Carmen (Boca chica) ,70 envejecientes
- Asilo Residencial Geriátrico de Carl TH. George (San Francisco de Macorís), 85 envejecientes
- Residencial San Lucas del Ingenio Consuelo, (Camino a San Pedro de Macorís), 40 envejecientes
- Estancia de Envejecientes Diurna (El Seibo), 35 envejecientes
- Hogar de Ancianos Padre Abreu (La Romana) 60 envejecientes
- Asilo Nuestra Señora del Carmen (Higuey) 50 envejecientes
- Hogar de Ancianos Club de Leones Inmaculada Concepción (Cotui), 40 envejecientes.
- Hogar de Ancianos Desvalidos Santísima Trinidad, (Moca) 42 envejecientes
- Centro Geriátrico San Joaquín y Santa Ana (La Vega), 65 envejecientes
- Asilo Hospicio San Vicente de Paúl (Santiago), 70 envejecientes
- Hogar de Niños y Ancianos Mundo Feliz (Monte Plata) 60 envejecientes
- Hogar de Ancianos San Antonio María Claret (Puerto Plata) 68 envejecientes
- Hogar de Ancianos Romelia Salas de Barceló (Hato Mayor) 45 envejecientes
- Centro geriátrico Margarita Herrera (Jarabacoa) 40 envejecientes
- Hogar de Ancianos de Dajabón (En Dajabón) 50 envejecientes.
- Asilo de Ancianos Jesús Maestro (Villa Rivas) 36 envejecientes
- Hogar de Ancianos Estancia de Día (Las Matas de Farfán) 38 envejecientes.

Para finalizar, muchas gracias por las atenciones que pueda recibir nuestra institución de usted.

Anexos: Obsequio de un libro titulado ¨ Hogar Triste Hogar ¨, escrito por quien suscribe, también, copias de los trabajos que hemos y estamos realizando a favor de los adultos mayores de nuestro país.

Muy atentamente

Oneyda Cayetano Subervi
Presidenta-Fundadora
Fundación Oneyda Cayetano  

sábado, 10 de marzo de 2012

COMUNICACION ENVIADA AL SEÑOR DANIEL TORIBIO POR FUNDACION ONEYDA CAYETANO.

                                                                                                    Santo Domingo, D.N.
                                                                                                    28 de Marzo del 2011.


Señor
Daniel Toribio
Ministerio de Hacienda
Su Despacho.-

Apreciado señor Toribio

         Después de un afectuoso saludo: la misma va con el fin de hacer de su conocimiento la indignación y la tristeza que siento al ver el trato que se nos da a los pensionados del Estado Dominicano. En mi caso fui pensionada por mi propia solicitud después de 20 años en la Policía Nacional, en fecha 27 – 2 – 2011, gracias a Dios, pero, cuando voy a cobrar como pensionada de dicha institución me informan que hasta después de tres meses no puedo contar con dicho pago.

Usted sabe que me indigna, el abuso que es pasar su juventud en una institución que de hecho paga una miseria, para luego durar tres meses para recibir tu pago y peor aun esperar  (3) tres años para que te entreguen tus prestaciones laborales.

Usted sabe que me entristece, que Dios conozca el corazón de todos, especialmente el corazón, de los que toman estas decisiones injustas y arbitrarias, en contra de personas enfermas y desamparadas, que aun sabiendo que Nuestro Padre, nos cobrara con creces los abusos cometidos en nuestra vida, se sigan cometiendo.

Pero esto me servirá para seguir luchando con más amor y pasión por mejorar la calidad de vida de Nuestros Adultos Mayores, ya que soy presidenta de la Fundación Oneyda Cayetano a Beneficio de Envejecientes en Asilos y Hogar de Enfermos de Lepra, FOCBEAHOL, inc.

Para finalizar, desearle mucha suerte en su nuevo reto, y solicitarle que si esta a su alcance, mejorar por lo menos un poco esta situación, por favor lo haga.

Muy atentamente,


Oneyda Cayetano Subervi
Presidenta
Fundación Oneyda Cayetano

ANEXOS: Un libro titulado, Hogar Triste Hogar, y copia de parte de los trabajos que hemos realizado y estamos realizando, en nuestra institución.

jueves, 8 de marzo de 2012

CARTA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS ANCIANOS. FUNDACION ONEYDA CAYETANO

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CARTA DEL SANTO PADRE
 JUAN PABLO II
A LOS ANCIANOS

1999
 



A mis hermanos y hermanas ancianos!


“ Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil
porque pasan aprisa y vuelan ”
(Sal 90 [89], 10)

1. Setenta eran muchos años en el tiempo en que el Salmista escribía estas palabras, y eran pocos los que los superaban; hoy, gracias a los progresos de la medicina y a la mejora de las condiciones sociales y económicas, en muchas regiones del mundo la vida se ha alargado notablemente. Sin embargo, sigue siendo verdad que los años pasan aprisa; el don de la vida, a pesar de la fatiga y el dolor, es demasiado bello y precioso para que nos cansemos de él.

He sentido el deseo, siendo yo también anciano, de ponerme en diálogo con vosotros. Lo hago, ante todo, dando gracias a Dios por los dones y las oportunidades que hasta hoy me ha concedido en abundancia. Al recordar las etapas de mi existencia, que se entremezcla con la historia de gran parte de este siglo, me vienen a la memoria los rostros de innumerables personas, algunas de ellas particularmente queridas: son recuerdos de hechos ordinarios y extraordinarios, de momentos alegres y de episodios marcados por el sufrimiento. Pero, por encima de todo, experimento la mano providente y misericordiosa de Dios Padre, el cual “ cuida del mejor modo todo lo que existe ” (1) y que “ si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha ” (1 Jn 5, 14). A Él me dirijo con el Salmista: “ Dios mío, me has instruido desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, ahora, en la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu brazo a la nueva generación, tus proezas y tus victorias excelsas ” (Sal 71[70], 17-18).

Mi pensamiento se dirige con afecto a todos vosotros, queridos ancianos de cualquier lengua o cultura. Os escribo esta carta en el año que la Organización de las Naciones Unidas, con buen criterio, ha querido dedicar a los ancianos para llamar la atención de toda la sociedad sobre la situación de quien, por el peso de la edad, debe afrontar frecuentemente muchos y difíciles problemas.

El Pontificio Consejo para los Laicos ha ofrecido ya valiosas pautas de reflexión sobre este tema.(2) Con la presente carta deseo solamente expresaros mi cercanía espiritual, con el estado de ánimo de quien, año tras año, siente crecer dentro de sí una comprensión cada vez más profunda de esta fase de la vida y, en consecuencia, se da cuenta de la necesidad de un contacto más inmediato con sus coetáneos, para tratar de las cosas que son experiencia común, poniéndolo todo bajo la mirada de Dios, el cual nos envuelve con su amor y nos sostiene y conduce con su providencia.

2. Queridos hermanos y hermanas: a nuestra edad resulta espontáneo recorrer de nuevo el pasado para intentar hacer una especie de balance. Esta mirada retrospectiva permite una valoración más serena y objetiva de las personas que hemos encontrado y de las situaciones vividas a lo largo del camino. El paso del tiempo difumina los rasgos de los acontecimientos y suaviza sus aspectos dolorosos. Por desgracia, en la existencia de cada uno hay sobradas cruces y tribulaciones. A veces se trata de problemas y sufrimientos que ponen a dura prueba la resistencia psicofísica y hasta conmocionan quizás la fe misma.
No obstante, la experiencia enseña que, con la gracia del Señor, los mismos sinsabores cotidianos contribuyen con frecuencia a la madurez de las personas, templando su carácter.

La reflexión que predomina, por encima de los episodios particulares, es la que se refiere al tiempo, el cual transcurre inexorable. “ El tiempo se escapa irremediablemente ”, sentenciaba ya el antiguo poeta latino.(3) El hombre está sumido en el tiempo: en él nace, vive y muere. Con el nacimiento se fija una fecha, la primera de su vida, y con su muerte otra, la última. Es el alfa y la omega, el comienzo y el final de su existencia terrena, como subraya la tradición cristiana al esculpir estas letras del alfabeto griego en las lápidas sepulcrales.

No obstante, aunque la existencia de cada uno de nosotros es limitada y frágil, nos consuela el pensamiento de que, por el alma espiritual, sobrevivimos incluso a la muerte. Además, la fe nos abre a una “ esperanza que no defrauda ” (cf. Rm 5, 5), indicándonos la perspectiva de la resurrección final. Por eso la Iglesia usa en la Vigilia pascual estas mismas letras con referencia a Cristo vivo, ayer, hoy y siempre: Él es “ principio y fin, alfa y omega. Suyo es el tiempo y la eternidad ”.(4) La existencia humana, aunque está sujeta al tiempo, es introducida por Cristo en el horizonte de la inmortalidad. Él “ se ha hecho hombre entre los hombres, para unir el principio con el fin, esto es, el hombre con Dios ”.(5)

Un siglo complejo hacia un futuro de esperanza

3. Al dirigirme a los ancianos, sé que hablo a personas y de personas que han realizado un largo recorrido (cf. Sb 4, 13). Hablo a los de mi edad; me resulta fácil, por tanto, buscar una analogía en mi experiencia personal. Nuestra vida, queridos hermanos y hermanas, ha sido inscrita por la Providencia en este siglo XX, que ha recibido una compleja herencia del pasado y ha sido testigo de numerosos y extraordinarios acontecimientos.

Como tantas otras épocas de la historia, nuestro siglo ha conocido luces y sombras. No todo han sido penumbras. Hay muchos aspectos positivos que han sido el contrapeso de otros negativos o han surgido de éstos últimos, como una beneficiosa reacción de la conciencia colectiva. No obstante, es cierto —y sería tan injusto como peligroso olvidarlo— que se han producido daños inauditos, que han incidido en la vida de millones y millones de personas. Bastaría pensar en los conflictos surgidos en diversos continentes, debidos a contenciosos territoriales entre Estados o al odio entre diversas etnias. Tampoco se han de considerar menos graves las condiciones de pobreza extrema de amplios sectores sociales en el Sur del mundo, el vergonzoso fenómeno de la discriminación racial y la sistemática violación de los derechos humanos en muchos países. Y, en fin, ¿qué decir de los grandes conflictos mundiales?

Sólo en la primera parte del siglo hubo dos, de una magnitud hasta entonces desconocida por las muertes y la destrucción ocasionadas. La primera guerra mundial segó la vida de millones de soldados y civiles, truncando la existencia de muchos seres humanos casi en la adolescencia o incluso en su niñez. Y, ¿qué decir de la segunda guerra mundial? Estalló tras pocos años de una relativa paz en el mundo, especialmente en Europa, y fue más trágica que la anterior, con tremendas consecuencias para las naciones y los continentes. Fue guerra total, una inaudita explosión de odio que se abalanzó brutalmente también sobre la inerme población civil y destruyó generaciones enteras. Fue incalculable el tributo pagado en los diversos frentes al delirio bélico y terroríficos los estragos llevados a cabo en los campos de exterminio, auténticos Gólgotas de la época contemporánea.

Durante muchos años, en la segunda mitad del siglo, se ha vivido la pesadilla de la guerra fría, esto es, la confrontación entre los dos grandes bloques ideológicos contrapuestos, el Este y el Oeste, con una desenfrenada carrera de armamentos y la amenaza constante de una guerra atómica capaz de destruir la humanidad entera.(6) Gracias a Dios, esta página oscura se ha terminado con la caída en Europa de los regímenes totalitarios opresivos, como fruto de una lucha pacífica, que ha empuñado las armas de la verdad y la justicia.(7) Se ha comenzado así un arduo pero provechoso proceso de diálogo y reconciliación orientado a instaurar una convivencia más serena y solidaria entre los pueblos.

No obstante, demasiadas Naciones están todavía muy lejos de experimentar los beneficios de la paz y la libertad. En los últimos meses, el violento conflicto surgido en la región de los Balcanes, que ya en los años precedentes había sido teatro de una terrible guerra de carácter étnico, ha suscitado gran conmoción; se ha derramado más sangre, se han intensificado las destrucciones y se han alimentado nuevos odios. Ahora, cuando finalmente el fragor de las armas se ha apaciguado, se comienza a pensar en la reconstrucción en la perspectiva del nuevo milenio. Pero, mientras tanto, siguen propagándose también en otros continentes numerosos focos de guerra, a veces con masacres y violencias olvidadas demasiado pronto por las crónicas.

4. Aunque estos recuerdos y estas dolorosas situaciones actuales nos entristecen, no podemos olvidar que nuestro siglo ha visto surgir múltiples aspectos positivos, los cuales son, al mismo tiempo, motivos de esperanza para el tercer milenio. Así, se ha acrecentado —aunque entre tantas contradicciones, especialmente en lo que se refiere al respeto de la vida de cada ser humano— la conciencia de los derechos humanos universales, proclamados en declaraciones solemnes que comprometen a los pueblos.

Asimismo, se ha desarrollado el sentido del derecho de los pueblos al autogobierno, en el marco de relaciones nacionales e internacionales inspirados en la valoración de las identidades culturales y, al mismo tiempo, al respeto de las minorías. La caída de los sistemas totalitarios, como los del Este europeo, ha hecho percibir mejor y más universalmente el valor de la democracia y del libre mercado, aunque planteando el gran desafío de compaginar la libertad y la justicia social.

También se ha de considerar un gran don de Dios el que las religiones estén intentando, cada vez con mayor determinación, un diálogo que les permita ser un factor fundamental de paz y de unidad para el mundo.

Tampoco se ha de olvidar que aumenta en la conciencia común el debido reconocimiento a la dignidad de la mujer.
Indudablemente, queda aún mucho camino por andar, pero se ha trazado el rumbo a seguir. También es motivo de esperanza el auge de las comunicaciones que, favorecidas por la tecnología actual, permiten superar los límites tradicionales y hacernos sentir ciudadanos del mundo.

Otro campo importante en el que se ha madurado es la nueva sensibilidad ecológica, la cual merece ser alentada. También son factores de esperanza los grandes progresos de la medicina y de las ciencias aplicadas al bienestar del hombre.

Así pues, hay tantos motivos por los que debemos dar gracias a Dios. A pesar de todo, este final de siglo presenta grandes posibilidades de paz y de progreso. De las mismas pruebas por las que ha pasado nuestra generación surge una luz capaz de iluminar los años de nuestra vejez. Se confirma así un principio muy entrañable para la tradición cristiana: “ Las tribulaciones no sólo no destruyen la esperanza, sino que son su fundamento ”.(8)

Por tanto, mientras el siglo y el milenio están llegando a su ocaso y se vislumbra ya el alba de una nueva época para la humanidad, es importante que nos detengamos a meditar sobre la realidad del tiempo que pasa con rapidez, no para resignarnos a un destino inexorable, sino para valorar plenamente los años que nos quedan por vivir.

El otoño de la vida

5. ¿Qué es la vejez? A veces se habla de ella como del otoño de la vida —como ya decía Cicerón (9) —, por analogía con las estaciones del año y la sucesión de los ciclos de la naturaleza. Basta observar a lo largo del año los cambios de paisaje en la montaña y en la llanura, en los prados, los valles y los bosques, en los árboles y las plantas. Hay una gran semejanza entre los biorritmos del hombre y los ciclos de la naturaleza, de la cual él mismo forma parte.

Al mismo tiempo, sin embargo, el hombre se distingue de cualquier otra realidad que lo rodea porque es persona. Plasmado a imagen y semejanza de Dios, es un sujeto consciente y responsable. Aún así, también en su dimensión espiritual el hombre experimenta la sucesión de fases diversas, igualmente fugaces. A San Efrén el Sirio le gustaba comparar la vida con los dedos de una mano, bien para demostrar que los dedos no son más largos de un palmo, bien para indicar que cada etapa de la vida, al igual que cada dedo, tiene una característica peculiar, y “ los dedos representan los cinco peldaños sobre los que el hombre avanza ”.(10)

Por tanto, así como la infancia y la juventud son el periodo en el cual el ser humano está en formación, vive proyectado hacia el futuro y, tomando conciencia de sus capacidades, hilvana proyectos para la edad adulta, también la vejez tiene sus ventajas porque —como observa San Jerónimo—, atenuando el ímpetu de las pasiones, “ acrecienta la sabiduría, da consejos más maduros ”.(11) En cierto sentido, es la época privilegiada de aquella sabiduría que generalmente es fruto de la experiencia, porque “ el tiempo es un gran maestro ”.(12) Es bien conocida la oración del Salmista: “ Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato ” (Sal 90 [89], 12).

Los ancianos en la Sagrada Escritura

6. “ Juventud y pelo negro, vanidad ”, observa el Eclesiastés (11, 10). La Biblia no se recata en llamar la atención sobre la caducidad de la vida y del tiempo, que pasa inexorablemente, a veces con un realismo descarnado: “ ¡Vanidad de vanidades! [...] ¡vanidad de vanidades, todo vanidad! ” (Qo 1, 2). ¿Quién no conoce esta severa advertencia del antiguo Sabio? Nosotros los ancianos, especialmente nosotros, enseñados por la experiencia, lo entendemos muy bien.

No obstante este realismo desencantado, la Escritura conserva una visión muy positiva del valor de la vida. El hombre sigue siendo un ser creado “ a imagen de Dios ” (cf. Gn 1, 26) y cada edad tiene su belleza y sus tareas. Más aún, la palabra de Dios muestra una gran consideración por la edad avanzada, hasta el punto de que la longevidad es interpretada como un signo de la benevolencia divina (cf. Gn 11, 10-32). Con Abraham, del cual se subraya el privilegio de la ancianidad, dicha benevolencia se convierte en promesa: “ De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra ” (Gn 12, 2-3). Junto a él está Sara, la mujer que vio envejecer su propio cuerpo pero que experimentó, en la limitación de la carne ya marchita, el poder de Dios, que suple la insuficiencia humana. Moisés es ya anciano cuando Dios le confía la misión de hacer salir de Egipto al pueblo elegido. Las grandes obras realizadas en favor de Israel por mandato del Señor no las lleva a cabo en su juventud, sino ya entrado en años. Entre otros ejemplos de ancianos, quisiera citar la figura de Tobías, el cual, con humildad y valentía, se compromete a observar la ley de Dios, a ayudar a los necesitados y a soportar con paciencia la ceguera hasta que experimenta la intervención finalmente sanadora del ángel de Dios (cf. Tb 3, 16-17); también la de Eleazar, cuyo martirio es un testimonio de singular generosidad y fortaleza (cf. 2 Mac 6, 18-31).

7. El Nuevo Testamento, inundado de la luz de Cristo, nos ofrece asimismo figuras elocuentes de ancianos. El Evangelio de Lucas comienza presentando una pareja de esposos “ de avanzada edad ” (1, 7), Isabel y Zacarías, los padres de Juan Bautista. A ellos se dirige la misericordia del Señor (cf. Lc 1, 5-25. 39-79); a Zacarías, ya anciano, se le anuncia el nacimiento de un hijo. Lo subraya él mismo: “ yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad ” (Lc 1, 18). Durante la visita de María, su anciana prima Isabel, llena del Espíritu Santo, exclama: “ Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno ” (Lc 1, 42). Al nacer Juan Bautista, Zacarías proclama el himno del Benedictus. He aquí una admirable pareja de ancianos, animada por un profundo espíritu de oración.

En el templo de Jerusalén, María y José, que habían llevado a Jesús para ofrecerlo al Señor o, mejor dicho, para rescatarlo como primogénito según la Ley, se encuentran con el anciano Simeón, que durante tanto tiempo había esperado la venida del Mesías. Tomando al niño en sus brazos, Simeón bendijo a Dios y entonó el Nunc dimitis: “ Ahora, Señor, puedes, según tu
palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz... ” (Lc 2, 29).

Junto a él encontramos a Ana, una viuda de ochenta y cuatro años que frecuentaba asiduamente el Templo y que tuvo en aquella ocasión el gozo de ver a Jesús. Observa el Evangelista que se puso a alabar a Dios “ y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén ” (Lc 2, 38).

Anciano es Nicodemo, notable miembro del Sanedrín, que visita a Jesús por la noche para que no lo vean. El divino Maestro le revelará que el Hijo de Dios es Él, venido para salvar al mundo (cf. Jn 3, 1-21). Volvemos a encontrar a Nicodemo en el momento de la sepultura de Cristo, cuando, llevando una mezcla de mirra y áloe, supera el miedo y se manifiesta como discípulo del Crucificado (cf. Jn 19, 38-40). ¡Qué testimonios tan confortadores! Nos recuerdan cómo el Señor, en cualquier edad, pide a cada uno que aporte sus propios talentos. ¡El servicio al Evangelio no es una cuestión de edad!

Y, ¿qué podemos decir del anciano Pedro, llamado a dar testimonio de su fe con el martirio? Un día, Jesús le había dicho: “cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras ” (Jn 21, 18). Como Sucesor de Pedro, estas palabras me afectan muy directamente y me hacen sentir profundamente la necesidad de tender las manos hacia las de Cristo, obedeciendo su mandato: “ Sígueme ” (Jn 21, 19).

8. El Salmo 92 [91], como sintetizando los maravillosos testimonios de ancianos que encontramos en la Biblia, proclama: “ El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano; [...] En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso para proclamar que el Señor es justo ” (13, 15-16). El apóstol Pablo, haciéndose eco del Salmista, escribe en la carta a Tito: “ que los ancianos sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia, en el sufrimiento; que las ancianas asimismo sean en su porte cual conviene a los santos [...]; para que enseñen a las jóvenes a ser amantes de sus maridos y de sus hijos ” (2, 2-5).

Así pues, a la luz de la enseñanza y según la terminología propia de la Biblia, la vejez se presenta como un “ tiempo favorable ” para la culminación de la existencia humana y forma parte del proyecto divino sobre cada hombre, como ese momento de la vida en el que todo confluye, permitiéndole de este modo comprender mejor el sentido de la vida y alcanzar la “ sabiduría del corazón ”. “ La ancianidad venerable —advierte el libro de la Sabiduría— no es la de los muchos días ni se mide por el número de años; la verdadera canicie para el hombre es la prudencia, y la edad provecta, una vida inmaculada ” (4, 8-9). Es la etapa definitiva de la madurez humana y, a la vez, expresión de la bendición divina.

Depositarios de la memoria colectiva

9. En el pasado se tenía un gran respeto por los ancianos. A este propósito, el poeta latino Ovidio escribía: “ En un tiempo, había una gran reverencia por la cabeza canosa ”.(13) Siglos antes, el poeta griego Focílides amonestaba: “ Respeta el cabello blanco: ten con el anciano sabio la misma consideración que tienes con tu padre ”.(14)

Si nos detenemos a analizar la situación actual, constatamos cómo, en algunos pueblos, la ancianidad es tenida en gran estima y aprecio; en otros, sin embargo, lo es mucho menos a causa de una mentalidad que pone en primer término la utilidad inmediata y la productividad del hombre. A causa de esta actitud, la llamada tercera o cuarta edad es frecuentemente infravalorada, y los ancianos mismos se sienten inducidos a preguntarse si su existencia es todavía útil.

Se llega incluso a proponer con creciente insistencia la eutanasia como solución para las situaciones difíciles. Por desgracia, el concepto de eutanasia ha ido perdiendo en estos años para muchas personas aquellas connotaciones de horror que suscita naturalmente en quienes son sensibles al respeto de la vida. Ciertamente, puede suceder que, en casos de enfermedad grave, con dolores insoportables, las personas aquejadas sean tentadas por la desesperación, y que sus seres queridos, o los encargados de su cuidado, se sientan impulsados, movidos por una compasión malentendida, a considerar como razonable la solución de una “ muerte dulce ”. A este propósito, es preciso recordar que la ley moral consiente la renuncia al llamado “ensañamiento terapéutico ”, exigiendo sólo aquellas curas que son parte de una normal asistencia médica. Pero eso es muy diverso de la eutanasia, entendida como provocación directa de la muerte. Más allá de las intenciones y de las circunstancias, la eutanasia sigue siendo un acto intrínsecamente malo, una violación de la ley divina, una ofensa a la dignidad de la persona humana.(15)

10. Es urgente recuperar una adecuada perspectiva desde la cual se ha de considerar la vida en su conjunto. Esta perspectiva es la eternidad, de la cual la vida es una preparación, significativa en cada una de sus fases. También la ancianidad tiene una misión que cumplir en el proceso de progresiva madurez del ser humano en camino hacia la eternidad. De esta madurez se beneficia el mismo grupo social del cual forma parte el anciano.

Los ancianos ayudan a ver los acontecimientos terrenos con más sabiduría, porque las vicisitudes de la vida los han hecho expertos y maduros. Ellos son depositarios de la memoria colectiva y, por eso, intérpretes privilegiados del conjunto de ideales y valores comunes que rigen y guían la convivencia social. Excluirlos es como rechazar el pasado, en el cual hunde sus raíces el presente, en nombre de una modernidad sin memoria. Los ancianos, gracias a su madura experiencia, están en condiciones de ofrecer a los jóvenes consejos y enseñanzas preciosas.

Desde esta perspectiva, los aspectos de la fragilidad humana, relacionados de un modo más visible con la ancianidad, son una llamada a la mutua dependencia y a la necesaria solidaridad que une a las generaciones entre sí, porque toda persona está necesitada de la otra y se enriquece con los dones y carismas de todos.

A este respecto son elocuentes las consideraciones de un poeta que aprecio, el cual escribe: “ No es eterno sólo el futuro, ¡no sólo!... Sí, también el pasado es la era de la eternidad: lo que ya ha sucedido, no volverá hoy como antes... Volverá, sin embargo, como Idea, no volverá como él mismo ”(16).

“ Honra a tu padre y a tu madre ”

11. ¿Por qué, entonces, no seguir tributando al anciano aquel respeto tan valorado en las sanas tradiciones de muchas culturas en todos los continentes? Para los pueblos del ámbito influenciado por la Biblia, la referencia ha sido, a través de los siglos, el mandamiento del Decálogo: “ Honra a tu padre y a tu madre ”, un deber, por lo demás, reconocido universalmente. De su plena y coherente aplicación no ha surgido solamente el amor de los hijos a los padres, sino que también se ha puesto de manifiesto el fuerte vínculo que existe entre las generaciones. Donde el precepto es reconocido y cumplido fielmente, los ancianos saben que no corren peligro de ser considerados un peso inútil y embarazoso.

El mandamiento enseña, además, a respetar a los que nos han precedido y todo el bien que han hecho: “ tu padre y tu madre ” indican el pasado, el vínculo entre una generación y otra, la condición que hace posible la existencia misma de un pueblo. Según la doble redacción propuesta por la Biblia (cf. Ex 20, 2-17; Dt 5, 6-21), este mandato divino ocupa el primer puesto en la segunda Tabla, la que concierne a los deberes del ser humano hacia sí mismo y hacia la sociedad. Es el único al que se añade una promesa: “ Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar ” (Ex 20, 12; cf. Dt 5, 16).

12. “ Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano ” (Lv 19, 32). Honrar a los ancianos supone un triple deber hacia ellos: acogerlos, asistirlos y valorar sus cualidades. En muchos ambientes eso sucede casi espontáneamente, como por costumbre inveterada. En otros, especialmente en las Naciones desarrolladas, parece obligado un cambio de tendencia para que los que avanzan en años puedan envejecer con dignidad, sin temor a quedar reducidos a personas que ya no cuenta nada. Es preciso convencerse de que es propio de una civilización plenamente humana respetar y amar a los ancianos, porque ellos se sienten, a pesar del debilitamiento de las fuerzas, parte viva de la sociedad. Ya observaba Cicerón que “ el peso de la edad es más leve para el que se siente respetado y amado por los jóvenes ”.(17)

El espíritu humano, por lo demás, aún participando del envejecimiento del cuerpo, en un cierto sentido permanece siempre joven si vive orientado hacia lo eterno; esta perenne juventud se experimenta mejor cuando, al testimonio interior de la buena conciencia, se une el afecto atento y agradecido de las personas queridas. El hombre, entonces, como escribe San Gregorio Nacianceno, “ no envejecerá en el espíritu: aceptará la disolución del cuerpo como el momento establecido para la necesaria libertad. Dulcemente transmigrará hacia el más allá donde nadie es inmaduro o viejo, sino que todos son perfectos en la edad espiritual ”.(18)

Todos conocemos ejemplos elocuentes de ancianos con una sorprendente juventud y vigor de espíritu. Para quien los trata de cerca, son estímulo con sus palabras y consuelo con el ejemplo. Es de desear que la sociedad valore plenamente a los ancianos, que en algunas regiones del mundo —pienso en particular en África— son considerados justamente como “bibliotecas vivientes ” de sabiduría, custodios de un inestimable patrimonio de testimonios humanos y espirituales. Aunque es
verdad que a nivel físico tienen generalmente necesidad de ayuda, también es verdad que, en su avanzada edad, pueden ofrecer apoyo a los jóvenes que en su recorrido se asoman al horizonte de la existencia para probar los distintos caminos.

Mientras hablo de los ancianos, no puedo dejar de dirigirme también a los jóvenes para invitarlos a estar a su lado. Os exhorto, queridos jóvenes, a hacerlo con amor y generosidad. Los ancianos pueden daros mucho más de cuanto podáis imaginar. En este sentido, el Libro del Eclesiástico dice: “ No desprecies lo que cuentan los viejos, que ellos también han aprendido de sus padres ” (8, 9); “ Acude a la reunión de los ancianos; ¿que hay un sabio?, júntate a él ” (6, 34); porque “ ¡qué bien parece la sabiduría en los viejos! ” (25, 5).

13. La comunidad cristiana puede recibir mucho de la serena presencia de quienes son de edad avanzada. Pienso, sobre todo, en la evangelización: su eficacia no depende principalmente de la eficiencia operativa. ¡En cuantas familias los nietos reciben de los abuelos la primera educación en la fe! Pero la aportación beneficiosa de los ancianos puede extenderse a otros muchos campos. El Espíritu actúa como y donde quiere, sirviéndose no pocas veces de medios humanos que cuentan poco a los ojos del mundo. ¡Cuántos encuentran comprensión y consuelo en las personas ancianas, solas o enfermas, pero capaces de infundir ánimo mediante el consejo afectuoso, la oración silenciosa, el testimonio del sufrimiento acogido con paciente abandono! Precisamente cuando las energías disminuyen y se reducen las capacidades operativas, estos hermanos y hermanas nuestros son más valiosos en el designio misterioso de la Providencia.

También desde esta perspectiva, por tanto, además de la evidente exigencia psicológica del anciano mismo, el lugar más natural para vivir la condición de ancianidad es el ambiente en el que él se siente “ en casa ”, entre parientes, conocidos y amigos, y donde puede realizar todavía algún servicio. A medida que se prolonga la media de vida y crece del número de los ancianos, será cada vez más urgente promover esta cultura de una ancianidad acogida y valorada, no relegada al margen. El ideal sigue siendo la permanencia del anciano en la familia, con la garantía de eficaces ayudas sociales para las crecientes necesidades que conllevan la edad o la enfermedad. Sin embargo, hay situaciones en las que las mismas circunstancias aconsejan o imponen el ingreso en “ residencias de ancianos ”, para que el anciano pueda gozar de la compañía de otras personas y recibir una asistencia específica. Dichas instituciones son, por tanto, loables y la experiencia dice que pueden dar un precioso servicio, en la medida en que se inspiran en criterios no sólo de eficacia organizativa, sino también de una atención afectuosa. Todo es más fácil, en este sentido, si se establece una relación con cada uno de los ancianos residentes por parte de familiares, amigos y comunidades parroquiales, que los ayude a sentirse personas amadas y todavía útiles para la sociedad. Sobre este particular, ¿cómo no recordar con admiración y gratitud a las Congregaciones religiosas y los grupos de voluntariado, que se dedican con especial cuidado precisamente a la asistencia de los ancianos, sobre todo de aquellos más pobres, abandonados o en dificultad?

Mis queridos ancianos, que os encontráis en precarias condiciones por la salud u otras circunstancias, me siento afectuosamente cercano a vosotros. Cuando Dios permite nuestro sufrimiento por la enfermedad, la soledad u otras razones relacionadas con la edad avanzada, nos da siempre la gracia y la fuerza para que nos unamos con más amor al sacrifico del Hijo y participemos con más intensidad en su proyecto salvífico. Dejémonos persuadir: ¡Él es Padre, un Padre rico de amor y misericordia! Pienso de modo especial en vosotros, viudos y viudas, que os habéis quedado solos en el último tramo de la vida; en vosotros, religiosos y religiosas ancianos, que por muchos años habéis servido fielmente a la causa del Reino de los cielos; en vosotros, queridos hermanos en el Sacerdocio y en el Episcopado, que por alcanzar los límites de edad habéis dejado la responsabilidad directa del ministerio pastoral. La Iglesia aún os necesita. Ella aprecia los servicios que podéis seguir prestando en múltiples campos de apostolado, cuenta con vuestra oración constante, espera vuestros consejos fruto de la experiencia, y se enriquece del testimonio evangélico que dais día tras día.

“ Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia ”
(Sal 15 [16], 11)


14. Es natural que, con el paso de los años, llegue a sernos familiar el pensamiento del “ ocaso de la vida ”. Nos lo recuerda, al menos, el simple hecho de que la lista de nuestros parientes, amigos y conocidos se va reduciendo: nos damos cuenta de ello en varias circunstancias, por ejemplo, cuando nos juntamos en reuniones de familia, encuentros con nuestros compañeros de la infancia, del colegio, de la universidad, del servicio militar, con nuestros compañeros del seminario... El límite entre la vida y la muerte recorre nuestras comunidades y se acerca a cada uno de nosotros inexorablemente. Si la vida es una peregrinación hacia la patria celestial, la ancianidad es el tiempo en el que más naturalmente se mira hacia umbral de la eternidad.

Sin embargo, también a nosotros, ancianos, nos cuesta resignarnos ante la perspectiva de este paso. En efecto, éste presenta, en la condición humana marcada por el pecado, una dimensión de oscuridad que necesariamente nos entristece y nos da miedo. En realidad, ¿cómo podría ser de otro modo? El hombre está hecho para la vida, mientras que la muerte —como la Escritura nos explica desde las primeras páginas (cf. Gn 2-3)— no estaba en el proyecto original de Dios, sino que ha entrado sutilmente a consecuencia del pecado, fruto de la “ envidia del diablo ” (Sb 2, 24). Se comprende entonces por qué, ante esta tenebrosa realidad, el hombre reacciona y se rebela. Es significativo, en este sentido, que Jesús mismo, “ probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado ” (Hb 4, 15), haya tenido miedo ante la muerte: “ Padre mío, si es posible, que pase de mí
esta copa ” (Mt 26, 39). Y ¿cómo olvidar sus lágrimas ante la tumba del amigo Lázaro, a pesar de que se disponía a resucitarlo (cf. Jn 11, 35)?

Aún cuando la muerte sea racionalmente comprensible bajo el aspecto biológico, no es posible vivirla como algo que nos resulta “ natural ”. Contrasta con el instinto más profundo del hombre. A este propósito ha dicho el Concilio: “ Ante la muerte, el enigma de la condición humana alcanza su culmen. El hombre no sólo es atormentado por el dolor y la progresiva disolución del cuerpo, sino también, y aún más, por el temor de la extinción perpetua ”.(19)

Ciertamente, el dolor no tendría consuelo si la muerte fuera la destrucción total, el final de todo. Por eso, la muerte obliga al hombre a plantearse las preguntas radicales sobre el sentido mismo de la vida: ¿qué hay más allá del muro de sombra de la muerte? ¿Es ésta el fin definitivo de la vida o existe algo que la supera?

15. No faltan, en la cultura de la humanidad, desde los tiempos más antiguos hasta nuestros días, respuestas reductivas, que limitan la vida a la que vivimos en esta tierra. Incluso en el Antiguo Testamento, algunas observaciones del Libro del Eclesiastés hacen pensar en la ancianidad como en un edificio en demolición y en la muerte como en su total y definitiva destrucción (cf. 12, 1-7). Pero, precisamente a la luz de estas respuestas pesimistas, adquiere mayor relieve la perspectiva llena de esperanza que se deriva del conjunto de la Revelación y especialmente del Evangelio: Dios “ no es un Dios de muertos, sino de vivos ” (Lc 20, 38). Como afirma el apóstol Pablo, el Dios que da vida a los muertos (cf. Rm 4, 17) dará la vida también a nuestros cuerpos mortales (cf. ibíd., 8, 11). Y Jesús dice de sí mismo: “ Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás ” (Jn 11, 25-26).

Cristo, habiendo cruzado los confines de la muerte, ha revelado la vida que hay más allá de este límite, en aquel “ territorio ” inexplorado por el hombre que es la eternidad. Él es el primer Testigo de la vida inmortal; en Él la esperanza humana se revela plena de inmortalidad. “ Aunque nos entristece la certeza de la muerte, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad ”.(20) A estas palabras, que la Liturgia ofrece a los creyentes como consuelo en la hora de la despedida de una persona querida, sigue un anuncio de esperanza: “ Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo ”.(21) En Cristo, la muerte, realidad dramática y desconcertante, es rescatada y transformada, hasta presentarse como una “ hermana ” que nos conduce a los brazos del Padre.(22)

16. La fe ilumina así el misterio de la muerte e infunde serenidad en la vejez, no considerada y vivida ya como espera pasiva de un acontecimiento destructivo, sino como acercamiento prometedor a la meta de la plena madurez. Son años para vivir con un sentido de confiado abandono en las manos de Dios, Padre providente y misericordioso; un periodo que se ha de utilizar de modo creativo con vistas a profundizar en la vida espiritual, mediante la intensificación de la oración y el compromiso de una dedicación a los hermanos en la caridad.

Por eso son loables todas aquellas iniciativas sociales que permiten a los ancianos, ya el seguir cultivándose física, intelectualmente o en la vida de relación, ya el ser útiles, poniendo a disposición de los otros el propio tiempo, las propias capacidades y la propia experiencia. De este modo, se conserva y aumenta el gusto de la vida, don fundamental de Dios. Por otra parte, este gusto por la vida no contrarresta el deseo de eternidad, que madura en cuantos tienen una experiencia espiritual
profunda, como bien nos enseña la vida de los Santos.

El Evangelio nos recuerda, a este propósito, las palabras del anciano Simeón, que se declara preparado para morir una vez que ha podido estrechar entre sus brazos al Mesías esperado: “ Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación ” (Lc 2, 29-30). El apóstol Pablo se debatía, apremiado por ambas partes, entre el deseo de seguir viviendo para anunciar el Evangelio y el anhelo de “ partir y estar con Cristo ” (Flp 1, 23). San Ignacio de Antioquía nos dice que, mientras iba gozoso a sufrir el martirio, oía en su interior la voz del Espíritu Santo, como “ agua ” viva que le brotaba de dentro y le susurraba la invitación: “ Ven al Padre ”.(23) Los ejemplos podrían continuar aún. En modo alguno ensombrecen el valor de la vida terrena, que es bella a pesar de las limitaciones y los sufrimientos, y ha de ser vivida hasta el final. Pero nos recuerdan que no es el valor último, de tal manera que, desde una perspectiva cristiana, el ocaso de la existencia terrena tiene los rasgos característicos de un “ paso ”, de un puente tendido desde la vida a la vida, entre la frágil e insegura alegría de esta tierra y la alegría plena que el Señor reserva a sus siervos fieles: “ ¡Entra en el gozo de tu Señor! ” (Mt 25, 21).

Un augurio de vida

17. Con este espíritu, mientras os deseo, queridos hermanos y hermanas ancianos, que viváis serenamente los años que el Señor haya dispuesto para cada uno, me resulta espontáneo compartir hasta el fondo con vosotros los sentimientos que me animan en este tramo de mi vida, después de más de veinte años de ministerio en la sede de Pedro, y a la espera del tercer milenio ya a las puertas. A pesar de las limitaciones que me han sobrevenido con la edad, conservo el gusto de la vida. Doy gracias al Señor por ello. Es hermoso poderse gastar hasta el final por la causa del Reino de Dios.

Al mismo tiempo, encuentro una gran paz al pensar en el momento en el que el Señor me llame: ¡de vida a vida! Por eso, a menudo me viene a los labios, sin asomo de tristeza alguna, una oración que el sacerdote recita después de la celebración eucarística: In hora mortis meae voca me, et iube me venire ad te; en la hora de mi muerte llámame, y mándame ir a ti. Es la oración de la esperanza cristiana, que nada quita a la alegría de la hora presente, sino que pone el futuro en manos de la divina bondad.

18. “ Iube me venire ad te!: éste es el anhelo más profundo del corazón humano, incluso para el que no es consciente de ello.

Concédenos, Señor de la vida, la gracia de tomar conciencia lúcida de ello y de saborear como un don, rico de ulteriores promesas, todos los momentos de nuestra vida.

Haz que acojamos con amor tu voluntad, poniéndonos cada día en tus manos misericordiosas.

Cuando venga el momento del “ paso ” definitivo, concédenos afrontarlo con ánimo sereno, sin pesadumbre por lo que dejemos. Porque al encontrarte a Ti, después de haberte buscado tanto, nos encontraremos con todo valor auténtico experimentado aquí en la tierra, junto a quienes nos han precedido en el signo de la fe y de la esperanza.

Y tú, María, Madre de la humanidad peregrina, ruega por nosotros “ ahora y en la hora de nuestra muerte ”. Manténnos siempre muy unidos a Jesús, tu Hijo amado y hermano nuestro, Señor de la vida y de la gloria.

¡Amén!

Vaticano, 1 de octubre de 1999.

martes, 6 de marzo de 2012

PENSIONES DIGNAS PARA LOS JUBILADOS DE REPUBLICA DOMINICANA

Señores:
Representantes de las Naciones Unidas en Republica Dominicana, (PNUD)

OPINION DE LA FUNDACION ONEYDA CAYETANO EN TORNO AL PROYECTO DE LEY DE PENSIONES PRESENTADO POR EL VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLICA DOMINICANA.
Son muchos los abusos que se comete con los pensionados y luego con los familiares cuando estos fallecen, ya que el fin de los encargados al parecer, es que el dinero de los pensionados no salga del Fondo Nacional de Pensiones. Compartimos lo expresado por el excelentísimo señor Vicepresidente, la ley de pensiones presenta mucha incompatibilidad en el sistema de repartos, por lo que en la Fundación Oneyda Cayetano insistimos para que se otorguen pensiones verdaderamente dignas, que permitan por lo menos mantener las necesidades básicas de los pensionados;
Proponemos que se otorguen a través patrimonio del Fondo Nacional de Pensiones, también las prestaciones laborales, las cuales no deben ser entregadas después de 2, 3 o cuatro años porque es abusivo.

(Queremos compartir este articulo, publicado por el periodico El Nacional, sobre el abandono de nuestros mayores por el gobierno y las pensiones.)

FUNDACION ONEYDA CAYETANO DEMANDA CNDH ATENDER DERECHOS HUMANOS DE ADULTOS MAYORES EN REPUBLICA DOMINICANA

( COMUNICACION ENVIADA EL 3 DE MAYO DEL 2011 )

Señores:
Comision Interamericana de Derechos Humanos, CNDH.

Apreciados señores;

Es un gran honor dirigirnos a ese importante Organismo, a través de este medio, con el fin de expresarle nuestra inquietud, en cuanto al abandono, necesidad, exclusión y violencia que vive el adulto mayor en Republica Dominicana. Somos una Institución Sin fines de Lucro comprometida a mejorar la calidad de vida de los mismos.

Y nuestra preocupación es, si hay reportes estadísticos que muestran que: 
                     
                              REPUBLICA DOMINICANA ENVEJECE
                                   
 Ya que por cada 100 menores, hay 50 mayores 

Un informe sobre envejecimiento Global, reseña que la población adulta mayor constituye el ocho por ciento de los dominicanos, lo que indica que en un futuro cercano habrá un crecimiento sostenido de este grupo,

El reporte, presentado por el Centro Internacional de Longevidad de la Republica Dominicana, indica que en el año 2002 en el país existían 23 personas sobre los 60 años por cada 100 menores de 15 años.

Se espera que para el año 2025 por cada100 menores de 15 años haya 50 adultos mayores de 60 años. Estas proyecciones muestran que la población mayor continuara aumentando rápidamente en comparación con el resto de las personas.

Para el año 2025, el 12.9 por ciento de la población tendrá mas de 60 años y para el 2050 ese porcentaje será doblado. El estudio sobre el Envejecimiento Global, señala que el 51 por ciento de la población de personas mayores adultas vive con familiares y el catorce por ciento reside solo.
                                      
(Tomado de un Articulo publicado por el periódico El Caribe, en la sección El País, titulado,  Envejecimiento Global, dadas a conocer por el  Centro Internacional de Longevidad de la Republica Dominicana), en fecha miércoles 1 de Julio de 2009.

                                                                               

                                                 
      
                                      ENVEJECIENTES EN EL OLVIDO



                                               (Informe del año 2008)

Casi 600.0000 envejecíentes viven en condiciones de pobreza, desprotección social y sanitaria en la Republica Dominicana, sin embargo, de esa cantidad la situación mas critica la tienen unos 250,000 que viven en condiciones de desamparo, sin servicio de salud y sin medicamento.


Los Pobres
Si se toma en cuenta que el 42 % de la población vive en condiciones de pobreza, hay que decir que es muy dramática la situación en que vive un grupo de envejecientes que depende de sus hijos pobres para la sobrevivencia



(Tomado de un artículo publicado por el periódico HOY, en la sección El País, en fecha martes 22 de abril del año 2008, Titulado, Excluyen mas de medio millón envejecientes Seguridad Social),  dadas a conocer por el Dr. Fulgencio Severino, Experto en Seguridad Social. 


Entonces, si LA DECLARACION UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS:

En su Artículo 25 dice:
•          1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.


Y la CONSTITUCION DE LA REPUBLICA DOMINICANA:
En el TITULO II, SECCION I
De los Derechos Individuales y Sociedad:
NUMERAL 17 dice:
El Estado estimulara el desarrollo progresivo de la Seguridad Social, de manera que toda persona llegue a gozar de adecuada protección contra la desocupación, la enfermedad, la incapacidad y la vejez.
El Estado prestara su protección y asistencia a los ancianos en la forma que determine la ley, de manera que se preserve su salud y se asegure su bienestar.

 (Por otro lado).

existe la LEY 352-98 SOBRE PROTECCION DE LAS PERSONAS ENVEJECIENTES, La cual fue promulgada hace 14 años, con fin de mejorar la calidad de vida de los adultos mayores; sin embargo de la misma solo se cumple con el ARTICULO 23 : El cual crea, El Consejo Nacional de la Persona Envejeciente, (CONAPE), institución del Estado.


Quien suscribe es Presidenta- Fundadora de la Fundación oneyda Cayetano, en la cual tenemos casi 6 años luchamos porque se respeten los Derechos Humanos de los Adultos Mayores, con el fin de lograr mejorar la calidad de vida de los mismos, por lo que fomentamos y defendemos estos derechos.

 Con mucho gusto queremos compartir parte de nuestras iniciativas, propuestas, proyectos y campañas con el fin de mejorar la calidad de vida de nuestros mayores, las cuales han sido apoyadas por los diferentes medios de comunicaciones tanto nacionales como internacionales, pueden ser vistas en Google y Yahoo.

-         ONG propondrá ley que obligue a hijos a proteger a padres ancianos (Noticias Terra, Toronto Dominicano, 7 días.com, El Nuevo Diario, Noticias ABC, y Mundo anunció)

-  Solicitan Modificación Ley No. 352-98 (El Periodikito Digital  y Mundo Anuncio)

-         Organismo Critica Anuncio de Estimulantes Sexuales con Ancianos (7 dias.com, Noticias Terra, Diario Libre, El Nuevo diario)

-         Entrevista a la señora Oneyda Cayetano, en el programa Uno + Uno, por el señor Juan Bolívar Díaz; sobre la ley 352-98 (YouTube).

-         Deploran estado Envejecíentes, (Periódico el Nacional)

-         Por falta de voluntad política Envejecíentes pasan penurias (Periódico El Nacional)

-         Fundación Reclama Preservar Fondos, (Periódico el nacional)

-         Reclaman Protección, (Periódico El Nacional, viernes 24 de abril de 2009)

-         Fundación Entrega Equipos, (Periódico El Nacional)

-         Fundación Construirá Hogar para Ancianos abandonados, (Periódico El Nacional)

-         Someten Proyecto Favor Envejecíentes, (Periódico El Nacional, de fecha sábado 27 de septiembre de 2008)

-         Defenderán Envejecíentes, (Mundo Anuncio)

-         Piden Liberar de Impuestos Medicamentos Ancianos, (Mundo Anuncio)

-         Shira: Realidad en que Viven Ancianos, (Libro titulado, Hogar Triste Hogar, escrito por la señora Oneyda Cayetano, trata sobre la realidad que viven los Adultos Mayores en Los Hogares de Ancianos)

-         Ve Envejecíentes Pasan Penurias por Falta Ayuda, (Periódico El Nacional)

-         Proyectos de la Fundación Oneyda Cayetano para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores, (Mundo anuncio)

-         Nuevo Proyecto para Ancianos Dominicanos, (Toronto Dominicano)

-         Mas de un millón de Envejecíentes en Republica Dominicana, viven sumergidos en el abandono y las precariedades, (Mundo Anuncio)

-    Proponen Envejecientes Disfruten Leyes de Protección igual que las Mujeres Maltratadas y los Niños, Niñas y Adolescentes.


Por otro lado estamos realizando Las Campañas (UN MUNDO MEJOR PARA EL ADULTO MAYOR), (DA TU FIRMA POR UNA VEJEZ DIGNA), Y  (CUIDA QUIERE Y PROTEGE AL ENVEJECIENTE).

Estas entre otras, son parte de nuestras iniciativas, por lo que le agradeceremos las atenciones, ayudas y consejos que puedan brindarnos.

Por ultimo reciban nuestras más sinceras felicitaciones por su meritoria labor educativa y su aporte al bienestar de las personas en el mundo.

En espera de sus gratas noticias,
Muy atentamente


Oneyda Cayetano Subervi
Presidenta-Fundadora
Fundación Oneyda Cayetano

Teléfonos: (809) 274-8499, (809) 848-7874.



jueves, 23 de febrero de 2012

PROMULGAR LEY QUE OBLIGUE A HIJOS E HIJAS CON PADRES ANCIANOS.

Nacionales
FUNDACION ONEYDA CAYETANO
 
19/4/2008
ONG PROPONDRA LEY QUE OBLIGUE A HIJOS PROTEGER A PADRES ANCIANOS
 
Foto ilustrativa
 
 
Santo Domingo, 19 abr (EFE).- Una Organización No Gubernamental (ONG) dominicana anunció hoy que impulsará una campaña nacional para modificar la ley local de protección a la ancianidad con el propósito de incluir en la pieza la obligación de que los hijos garanticen la protección de sus padres.
La Fundación Oneyda Cayetano informó un comunicado enviado a Efe que la presente legislación no contempla el amparo económico y social para los ancianos una vez sus hijos han abandonado el hogar o se han emancipado.
En ese sentido, propondrá que la ley incluya capítulos donde se obligue a los descendientes directos a garantizar la protección de sus padres ancianos e incapacitados para desempeñar un oficio, de manera tal que puedan llegar al final de sus días con una vida digna.
"Muchos hijos entienden que cuando se casan no tienen responsabilidad con sus padres, pero sucede que cuando estos fallecen sí están disponibles para la herencia", precisó el documento.
La organización local dijo que también abogará para que las modificaciones a la ley de protección a los ancianos alcancen el establecimiento de multas y castigos para los hijos que cometan agresiones verbales o abandonen a sus progenitores.
"Es común observar cómo los familiares de los ancianos les tratan con desconsideración y falta de respeto, sin que la ley actual castigue esa desagradable situación", agregó la Fundación Oneyda Cayetano. EFE